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Existe la bóveda del fin del mundo?

Bóveda Global de Semillas de Svalbard está situada cerca de Longyearbyen en el archipiélago noruego de Svalbard.

Es el almacén de semillas más grande del mundo, creado para salvaguardar la biodiversidad de las especies de cultivos que sirven como alimento. Se conoce popularmente como “Bóveda del fin del mundo” (en inglés Doomsday Vault).

Frío, hielo, tierra vacía y desolación. Nadie podría imaginar que en un lugar tan yermo se albergara obra humana alguna. Menos aún una instalación que acaso sea una de las más importantes que haya construido nuestra especie. No hay exageración alguna si afirmamos que de su desempeño tal vez dependa en algún momento el futuro de la Humanidad.

Estamos en la isla noruega de Spitsbergen, a tan sólo unos 1.000 km. del Polo Norte, frente a la llamada Svalbard International Seed Vault (SISV), más conocida como “La Bóveda del Fin del Mundo”. Ampuloso, pero no inadecuado nombre para una construcción excavada en una montaña de roca desnuda que resulta poco espectacular vista desde el exterior, aunque por momentos nos permita casi situarnos en el escenario fantástico de cualquier film de Ciencia Ficción.

Quizá sea tan poco llamativa porque se desea que pase inadvertida. Inadvertida para ojos curiosos, e invulnerable frente a los ataques de la Naturaleza o a cualquier otro agente destructor. Sí, incluso frente a nosotros mismos. Pero ¿qué hay en el interior de esa montaña que sea tan valioso para salvaguardarlo así?

Semillas.

¿Sólo semillas? ¿Es posible que sean necesarias tantas molestias y precauciones para salvaguardar un producto tan corriente como lo son las semillas? Sí, porque no son semillas cualesquiera. Son un legado de nuestro pasado. Son las semillas que quizá en un futuro próximo puedan representar la diferencia entre sobrevivir y morir de hambre.

Sí, porque se teme que cualquier catástrofe natural o provocada por la mano del Hombre convierta en escaso lo abundante. Y sin exageración ni alarmismo, podríamos decir que ello podría acarrear un gravísimo riesgo para la Humanidad. Y ya en alguna ocasión le hemos visto las orejas al lobo. Según el Doctor Luis Ayerbe, director del Centro de Recursos Fitogenéticos del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, “la hambruna que en el siglo XIX produjo la muerte y emigración de millones de irlandeses es probablemente el ejemplo más  dramático constatado del peligro de la uniformidad genética. La estrecha base genética de las patatas cultivadas en ese momento en Europa hizo que un ataque de tizón arrasase unas cosechas que constituían la base de la alimentación de Irlanda en esa época. Otro desastre agrícola causado por la uniformidad de los cultivos tuvo lugar en Estados Unidos en  1970, donde un ataque de taladro destruyó más del 50% de los maizales del Sur”.

Pensemos que no más de un centenar de especies nos suministran el 90% de la alimentación mundial y que sólo siete variedades de cereales abarcan el 50% del consumo humano directo. Imaginemos ahora el drama que puede suponer que un agente destructor cualesquiera los atacara y eliminara. Las hambrunas a nivel mundial serían terribles. ¿Y existe la posibilidad real de que se produzca una situación catastrófica?

La respuesta es afirmativa. Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de la rapacidad humana que ha eliminado numerosas especies animales en todo el mundo. Mucho más silenciosa, a menudo la pérdida de los recursos fitogenéticos pasa casi inadvertida. Sin darnos apenas cuenta, nuestra generación está destruyendo los esfuerzos de miles de campesinos que, durante siglos, trabajaron de sol a sol… Y ¿por qué podría suceder esto?

ADAPTARSE O MORIR

Durante millones de años, las sucesivas generaciones de seres vivos se han ido adaptando a las condiciones medioambientales del entorno donde nacían y crecían. Las plantas enfrentaban temperaturas extremas, sequías, plagas de insectos o de microorganismos y otras duras condiciones, y según nos ha enseñado la Teoría de la Evolución de Darwin, sólo las especies más resistentes se adaptaban y se reproducían, inscribiendo así esas características de supervivientes en su archivo genético. Los vegetales capaces de extender sus semillas por medios naturales, ya fueran transportadas por el viento, el agua o por distintos animales colonizaban otros hábitat, iniciando así la posibilidad de que dichas especies de adaptaran a nuevos entornos. A veces se producían espontáneamente híbridos con especies locales, hecho que también enriquecía el patrimonio encerrado en sus genes. La aparición del Hombre, y sobre todo cuando nuestra raza “inventó” la agricultura, hace unos 10.000 años, el hecho supuso una mayor difusión de una gran variedad de plantas. Tribus nómadas, viajeros y exploradores que transportaban sus semillas de un lugar a otro, incluso de un continente a otro aumentaron notablemente la difusión y con ellas la adaptabilidad a diversos medios de muchísimas especies. Sirva como caso más conocido el descubrimiento del Nuevo Continente, que permitió la llegada a Europa de nuevos productos como el maíz, la mandioca, las patatas, el chocolate, el maíz, los calabacines, los frijoles, los tomates, el pimiento, las piñas, las semillas de girasol o el tabaco.

Pero no fue hasta la segunda década del siglo pasado cuando supimos realmente la inmensa y maravillosa variedad logradas por las especies vegetales a lo largo y ancho del mundo. Fue un científico ruso llamado Nicolai Vavilov quien a partir de 1916 recorrió buena parte del planeta reuniendo una tal diversidad de especies que llegó a catalogar más de 200.000. Su increíble labor y su visión de largo alcance no fueron internacionalmente respaldados hasta que, bajo el patrocinio de la FAO, en 2004 se firmó el Tratado internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura.

NO CUALQUIER TIEMPO PRESENTE ES MEJOR

Es obvio para cualquiera que la famosa Revolución Industrial, que tan notable avance supuso para la Humanidad, junto a sus muchas luces, trajo consigo un gran número de sombras. El objetivo primordial de obtener beneficios rápidos y lo más cuantiosos posible eclipsó otros muchos aspectos que no midieron adecuadamente los impactos que se producirían a largo plazo. La mayor demanda de alimentos en todo el mundo, facilitada gracias a una red de transportes, estableció nuevos y numerosos mercados. Con todo ello, los consumidores acabaron optando por unas pocas variedades de frutas y verduras de mejor aspecto, tamaño y sabor, hecho que facilitó a los productores la simplificación en sus métodos de cultivo, y por ende una mayor rentabilidad. Pero tal situación redujo considerablemente su potencial genético. Pensemos, por ejemplo, que hacia 1949 en China los campesinos cultivaban en distintos puntos del país más de 10.000 variedades de trigo. En 1970, apenas quedaban 1.000.

La variabilidad genética -que es la capacidad del genoma en los seres vivos para crear mutaciones distintas, mutaciones que pueden ser capaces de adaptarse a condiciones extremas- se reduce también debido a que muchos de los cultivos tradicionales van desapareciendo a medida que los terrenos disponibles se dedican a especies no relacionadas con la alimentación humana, pero sí altamente rentables. Así sucede con ciertas plantas utilizadas en la producción de biocombustibles, o  árboles destinados al mercado de la madera como el eucalipto, los cuales forman inmensos bosques “artificiales” que, además, al perturbar el equilibrio natural causan grandes daños medioambientales. Y hablamos de los llamados “monocultivos”, esas enormes extensiones cubiertas de trigo, arroz, soja, café, naranjos o palmeras aceiteras. Fácil de imaginar qué podría suceder si una plaga que aún no supiéramos controlar atacara simultáneamente esos monocultivos. El hecho podría causar tremendas consecuencias económicas y/o alimentarias.

SEGURIDAD EXTREMA

Podríamos pensar que las semillas a las que nos referimos tienen su continuidad asegurada. Es verdad que China, Rusia, Japón, India, Corea del Sur, Alemania y Canadá disponen actualmente de los mayores bancos genéticos del mundo. Según la FAO, habría en total unas 1.400 colecciones repartidas por todo el planeta. Pero los expertos temen que ninguna de ellas reúna todas las necesarias condiciones de seguridad para lograr su supervivencia. La “Bóveda del Fin del Mundo” sí.

Este refugio, rodeado de ese barro perpetuamente helado llamado permafrost, está situado en un lugar tan frío que sus condiciones de conservación aún serían suficientes aunque fallara la refrigeración mecánica, se halla situado a 130 m sobre el nivel del mar con el fin de prevenir incluso la temida subida de los océanos si por fin el temido Cambio Climático acabara derritiendo los casquetes polares. Se llega a la bóveda a través de un túnel de 100 m de longitud excavado en pura roca y reforzado por una gruesa capa de cemento. El enclave está rodeado de un perímetro de seguridad vigilado por las autoridades noruegas, cuenta con una sólida puerta blindada, y se dice que la frecuente presencia de numerosos osos polares desaconseja merodear por los alrededores. Así que su precioso contenido está a salvo de terremotos, erupciones volcánicas, radiación de cualquier tipo e incluso -se asegura- de una posible detonación nuclear.

POR UN MUNDO MEJOR

Ninguna colectividad humana debería pasar por alto la deuda de gratitud que tenemos con el gobierno noruego, que ha gastado 2.250.000 € en la construcción de este silo, bajo los auspicios del Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos (FMDC), una ONG sin ánimo de lucro, si bien es preciso recalcar que el proyecto está abierto a cualquier tipo de donaciones. Desde hace casi dos años, varios países han empezado a enviar y almacenar gratuitamente las semillas de sus más preciados productos que, se recalca, serán siempre de su exclusiva propiedad y permanecerán siempre disponibles para ellos. Es de esperar que otras naciones hagan lo propio en un proceso que continuará hasta que se alcancen los cuatro millones y medio de semillas que son capaces de albergar sus tres cámaras con una capacidad de 1.200 m3 cada una.  Por ahora, el número total se aproxima rápidamente al medio millón. Sirvan como ejemplo las 70.000 variedades de arroz, y más de 60.000 de trigo que hasta ahora se han acumulado en Svalbard.

Es verdad que con su altruista actitud, Noruega ha conquistado la atención mundial. Durante su aún corta vida, la Bóveda ha atraído la presencia de destacados personajes de la política y la sociedad actual, desde el Secretario General de la ONU, el coreano Ban Ki-moon al ex presidente norteamericano Jimmy Carter,  la ex secretaria de Estado, Madeleine Albright, el fundador de Google, Larry Page o el megaempresario de la comunicación Ted Turner, creador de CNN y vicepresidente de AOL Time Warner. Una admiración lógica vista esa inquietud humanista que tan poco frecuentes ejemplos tiene en el mundo. Ojala cumplan a conciencia la labor que se han propuesto realizar.

RECUADRO: EL INCREÍBLE VAVILOV

Nicolai Vavilov fue un visionario. Animado por aquél espíritu aventurero que caracterizaba a los científicos de la época, desde 1916 y durante 20 años recorrió el mundo entero buscando semillas “primitivas”, de las cuales llegó a reunir más de 200.000.

Después de la Revolución de Octubre, la nueva Unión soviética reconoció la ingente obra de Vavilov y le concedió los honores correspondientes -incluso una medalla de oro-, pues aunque él no era bolchevique, el Gobierno no pudo por menos que admitir que la obra por él emprendida rendía un beneficio cierto no sólo a sus compatriotas sino a toda la Humanidad.Pero como tantos otros benefactores de la especie humana, al final Vavilov acabó tropezando con la cerrazón intelectual de una dictadura. En 1940, por orden de Stalin, fue acusado de contrarrevolucionario, y sus teorías científicas, basadas en el más puro darwinismo, calificadas de “burguesas”, pues se oponían de plano a las ideas del científico oficial del régimen, Lysenko, cuyos principios basados en las teorías de Lammark demostraron ser científicamente falsas. Deportado a Siberia y mermado por el sufrimiento, moría en una de aquellas terribles prisiones del Gulag soviético en 1943. 

Pero mientras Vavilov entregaba la vida por sus ideas y por sus actos benefactores y las tropas del Eje destrozaban Europa, se producía un ejemplo supremo de heroísmo en uno de los llamados “Centros Vavilov”, concretamente el ubicado en Leningrado. Sitiada cruelmente la ciudad por los nazis, sin permitir que a ella llegara ningún tipo de alimentos, varios científicos encargados de cuidar aquellos cientos de sacos llenos de semillas -muchos de ellos llenos de trigo y otros cereales comestibles -que durante mucho tiempo habían preservado de las ratas y otros depredadores-, prefirieron morir de hambre antes que alimentar sus famélicos estómagos. Su única razón era  que lo allí almacenado era patrimonio de toda la Humanidad.

El nombre de Vavilov no fue rehabilitado hasta la década de los 60, en la Era Krushev. Su signo más visible fue bautizar con su nombre al Instituto de Botánica Aplicada de Leningrado.

RECUADRO: SEMILLAS EN ESPAÑA

En nuestro país, los encargados de preservar esas preciosas semillas de los cultivos tradicionales y que corrían peligro de perderse están en el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA (Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria) dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, que en la actualidad reúne más de 50.000 muestras. “Esta conservación no sería en absoluto rentable para el agricultor –aclara el director, Dr. D. Luis Ayerbe-; por esta razón en todo el mundo son las administraciones públicas quienes se encargan de una labor tan relacionada con la seguridad alimentaria”.

Hay varias formas de preservar estos bancos de germoplasma. Si son plantas de reproducción vegetativa, las variedades se cultivan en huertos, renovándolos cuando las plantas envejecen, o métodos más sofisticados como el cultivo de pequeñas porciones de tejidos de las plantas, o bancos de ADN,  mientras que otras muestras se conservan a una baja temperatura homologada de -18º C, previo un proceso de desecación donde su humedad se reduce al 7%.

La preocupación humanista de esta gente resulta evidente cuando el Dr. Ayerbe asegura: “la desaparición de estas semillas tradicionales tiene una importancia genética y económica grande, pero si lo consideramos desde un punto de vista más amplio nos daremos cuenta de que también significa la desaparición de la cultura rural. La civilización actual todo lo uniformiza, y eso trae aparejadas muchas ventajas, pero también numerosos inconvenientes”.

LA BÓVEDA DEL FIN DEL MUNDO Y LA TORMENTA SOLAR DE 2012.

En los últimos tiempos han circulado algunos rumores que relacionan Svalbard con esa tormenta solar que según los expertos en física solar azotará la tierra hacia 2012, la cual, a su vez, coincidiría con ese supuesto final catastrófico de nuestro mundo anunciado por las Profecías Mayas. ¿Por qué si no también en el apelativo mediático de la Bóveda se habría incluido ese término de “fin del mundo”? Sin duda se puede especular, tanto los posibles daños que esa Tormenta podría causar, como fallos en las comunicaciones terrestres y satelitales, así como en las redes de distribución eléctrica.

Si de todo ello se podrá derivar un desastre generalizado para nuestra civilización o en unos simples trastornos que podremos, no sólo asumir, sino prevenir, es tema que los especialistas aún andan discutiendo.

Pero un importante detalle a tener en cuenta es que, según han informado las autoridades noruegas, la idea de crear un almacén para semillas amenazadas de desaparición surgió hacia 1983, cuando los expertos del Centro de Recursos Genéticos nórdicos, alertados más bien por todos los peligros que hemos visto amenazan a los recursos fitogenéticos del mundo, examinaron las condiciones de Svalbard, pero también otras zonas situadas en las montañas de Jotunheim, y en Groenlandia. Y tras solventar numerosos problemas políticos y administrativos, la Bóveda al fin empezó a construirse en 2007.

¿Sabía alguien en 1983 que en 2012 se produciría esa “tormenta solar perfecta”? Sea como fuere, bienvenida sea Svalbard.

NAVE EXTRATERRESTRE EN LA LUNA…..

Oficialmente, las misiones Apolo de la NASA tuvieron fin con la número 17. Seis de ellas se posaron en la superficie lunar, de la número 11 a la número 17 inclusive con la excepción del Apolo XIII. Se supone que, después de la número 17, tres cohetes Apolo fueron usados en misiones posteriores, pero fuera del Programa Apolo y sin tener por objetivo la Luna, sino un recorrido más corto: enviar tripulaciones a la estación espacial Skylab. Y una más para la misión Apolo-Soyuz.Sin embargo, lo que William Rutledge afirma es que el Apolo 17 tomó, entre otras, la fotografía de la nave alienígena abandonada, lo cual condujo a que las tres misiones de alunizaje posteriores fueran secretas y se realizaran en cooperación con los soviéticos.De las tres misiones, la Apolo 18 habría orbitado la zona a fin de confirmar los datos, la Apolo 19 habría sufrido errores de telemetría que le impidieron alunizar y la Apolo 20 habría logrado lo inimaginable: obtener evidencia palpable de vida extraterrestre.Aquí es donde todo el asunto se pone espeso.Siempre según Rutledge, la misión se llevó a cabo con tres astronautas: una norteamericana (Leona Snyder), un ruso (Alexei Leonov) y él mismo como comandante.Lanzada en agosto de 1976, la nave cumplió su propósito y, tras el alunizaje, se pudo llegar a la zona objetivo.Allí encontraron la nave alienígena, de unos 150 metros de largo, abandonada según parecía desde mucho tiempo atrás, salvo por un cadáver aún conectado a lo que parecía un sistema de animación suspendida.La exploración de la zona les permitió ubicar además restos de una estructura artificial, quizá una base abandonada……………..


 

….Rutledge afirma que la misión Apolo 20 hacia la Luna fue lanzada exitosamente el 16 de agosto del 1976, con una tripulación de tres miembros: William Rutledge, ex CDR de los laboratorios Bell/USAF, Leona Snyder, ex CSP de los laboratorios Bell/NASA, y Alexei Leonov, el cosmonauta soviético del “Apollo-Soyouz ” (misión de un año antes). El cohete lanzado fue de fabricación norteamericana (Saturn 5 rocket) y el módulo lunar, de fabricación soviética.
El astronauta norteamericano recuenta que ellos lograron alunizar muy cerca de la gigantesca nave y que actualmente pudieron entrar en ella. “Ciertos artefactos fueron descubiertos y recuperados, entre ellos dos cuerpos que presuntamente eran los “cosmonautas” – uno se encontraba en excelentes condiciones y era de sexo femenino. El segundo cuerpo estaba demasiado deteriorado y sólo la cabeza fue recuperada”. Rutledge dice que la mujer fue apodada “Mona Lisa“.
“Entramos en el interior de la gigantesca nave espacial, y también entramos en otra nave triangular que se encontraba dentro de la gran nave. La exploración determinó que se trataba de una nave nodriza muy antigua, que navegó el espacio hace por lo menos 1.5 millones de años. Habían muchas señales de biología en su interior, encontramos vestigios de antiquísima vegetación en una especie de “motor” en la sección donde estaban. También encontramos rocas especiales triangulares que emitían “lágrimas” de un líquido amarillo que aparentemente tienen algunas propiedades medicinales especiales y por supuesto, restos de otras criaturas extra solares”.
“También encontramos restos de pequeños cuerpos alienígenas (10 cm) que yacían en una enorme red de tubos de vidrio a lo largo de la nave. Dicha red fue llamada “Ciudad” aquí en la Tierra, poco después de nuestro regreso. Pero el gran descubrimiento, -aparte de la monstruosa nave- fue el de los dos cuerpos, uno de ellos prácticamente intacto. La”Ciudad” fue también llamada “Estación Uno”, pero estaba tan deteriorada que parecía ser una red de tubos conteniendo verdadera basura espacial, llena de chatarra y piezas de oro. Sólo una construcción parecía intacta, la cual nombramos la “Catedral”. Tomamos fotos de cuantas piezas de metal encontramos, y de cada parte donde habían muestras de caligrafía. La “Ciudad” parecía ser tan antigua como la nave”.
“No recuerdo quién nombró a la mujer -el cuerpo recuperado-, si Leonov o yo, pero esta es mi descripción: Humanoide, mujer, 1.65 metros, con genitales, cabello, y seis dedos. Función: piloto, encontrada con dispositivos de navegación fijados en los dedos y los ojos. Tuvimos que cortar dos cables conectados a la nariz. Leonov tuvo que cortar los dispositivos conectados a los ojos. Concreciones de sangre o líquidos biológicos fueron derramados a través de la boca, la nariz, los ojos y algunas partes del cuerpo. No tenía ropa, traje espacial o vestimenta alguna”.
“Algunas partes del cuerpo se encontraban en condiciones inusuales de preservación, (como el pelo) y la piel estaba protegida por una delgada capa transparente. Como dijimos al control de la misión, por su condición, no parecía estar ni muerta ni viva. No teníamos entrenamiento médico, por supuesto, pero Leonov y yo realizamos una prueba fijando nuestro equipo biomédico en el cuerpo de la mujer, pero para sorpresa de todos, la telemetría recibida y verificada por uno de los médicos del equipo del control de la misión en la Tierra fue positiva. Aparentemente se encontraba en un profundo estado de hibernación o animación suspendida. Pero esa es otra historia”.
También encontramos un segundo cuerpo, prácticamente destruido, pero trajimos de vuelta la cabeza. La piel era de color azul-gris, azul pastel. La piel tenía algunos detalles extraños por encima de los ojos y la parte delantera, además tenía una correa alrededor de la cabeza, sin ninguna inscripción. El “cockpit” de la nave nodriza estaba lleno de escrituras y estaba formado por largos tubos semi hexagonales. Ella está en la Tierra (“Mona Lisa”) y no está muerta….
Fuente: An Alien Spaceship on the Moon: Interview with William Rutledge, Member of the Apollo 20 Crew.LOS ARCHIVOS DE LA TIERRA.

Alimentación consciente por Suzanne Powell

“Tomad y comed que este es mi cuerpo, tomad y bebed que esta es mi sangre”

Palabras sabias que nunca se han tomado como son realmente, sino como parte de un ritual que siempre nos han dicho de otra manera: el cuerpo de Cristo en un pedazo de pan y su sangre en una copa de vino.

Este ritual deberia de recordarse cada vez que tomamos o comemos algo, porque realmente lo que comemos y lo que tomamos es verdaderamente nuestro cuerpo y nuestra sangre.

“Hagan esto en memoria mia”

Porque hasta ahora no lo hemos hecho?

Esta enseñanza tan importante que dio Jesús no se ha tomado en su verdadero sentido, piensalo, meditalo y a tu mente llegara ese rayo de luz que te hara pensar en una alimentación consciente.

Psiquiatra Filosófica y especialista en Medicina Ortomolecular además de Instructora de cursos ZEN,  Suzanne Powell dio esta conferencia sobre alimentacion consciente el pasado diciembre de 2010 en el Centro A·SANA, Barcelona, España.

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Según los nutricionistas profesionales no han existido civilizaciones mejor alimentadas en la historia que las orientales o la de los hebreos. Para ellos sentarse en la mesa es todo un ritual.

Orientales e indígenas han tenido algo en común: más que seguir una dieta a rajatabla, que incluyera determinados alimentos, para ellos era también muy importante la forma en cómo se llevan los alimentos a la boca.

Cualquier alimento que haya conllevado el sufrimiento a un animal, como la caza o la pesca deberían descartarse y evitarse. La comida que no preparamos nosotros mismos directamente, que comemos en los restaurantes o compramos hecha, a veces se ha cocinado en ambientes de tensión, crítica o enfado. Estas energías se trasladan directamente a nuestro cuerpo y sin saber cómo, aunque sea muy sana, vegetariana o ecológica, nos sentimos mal después de haber comido.

El alimento debería entenderse como algo sagrado y por eso debería darse mucha importancia a su vida antes y durante de la elaboración de la comida. Un alimento tratado con armonía evitará muchas molestias y malestares en nuestro interior. La armonía que seamos capaces de irradiar sobre nuestros alimentos debe llegar a ser capaz de neutralizar las energías negativas y destructivas que haya almacenado.

Todo este proceso nos lleva a lo que se llama la alimentación consciente. La alimentación consciente nos recuerda que es necesario seguir los ritmos de la naturaleza, de la estación, de la luna, del clima y actuar acorde a ellos.

Así como pensamos, somos.
Así como respiramos, somos.
Y así como nos alimentamos somos.

Al sentarse a la mesa, lo que pensamos, lo que decimos, como respiramos, como masticamos, la actitud en presencia de la comida y la postura que mantenemos mientras comemos, son aspectos cruciales que muy a menudo se olvidan y que dan a nuestra alimentación aquel valor añadido que cualquier otra comida no tiene.

La alimentación consciente nos recuerda que para que los alimentos nos reporten el máximo de sus beneficios es necesario que participemos activamente en todo el proceso de la elaboración de la comida. La alimentación consciente es el resultado de vivir una vida consciente.