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Ayhan Doyuk el hombre que puede salvar el planeta

Me pregunto porqué ningún portal ecologista habla de él. Tampoco hablan de la energía libre que podía liberar al mundo de la esclavitud del petróleo y las nucleares.
Juzguen Ustedes. Pasen el mensaje que corra por el planeta hasta que se sepa la Verdad.
Pasen a tantas personas y ecologistas como puedan este mensaje a ver si por fin sale la Verdad. Hagan power points, pdf, ponerlo en vuestros blogs, pasarlo a periodistas independientes, hay que darse mucha prisa o nos quedaremos sin mar sin placton y por lo tanto sin oxigeno.
Nuestro Planeta está en grave peligro.

A.D. PERFECT SOLUTIONS WORLD SYSTEM seguira siendo la “casa madre” que está llevando a cabo el concepto holístico y la tecnología creada por el Sr. Ayhan Doyuk.

Le invitamos a explorar este sitio web, para obtener la visión general actualizada de nosotros, para obtener la información básica necesaria para todo el mundo: personalidades gubernamentales, las instituciones mundiales, organizaciones ecológicas y ambientales, comunidades científicas y educativas y el sector privado de todo el mundo, que tienen que ver con la transformación real de nuestros problemas ambientales con soluciones permanentes y amigable para la contaminación agresiva y sus consecuencias en la vida humana y animal. En estas páginas encontrará la verdadera visión y objetivos sobre el mundo de posibilidades que ofrecemos, esperando para servirle en la medida de nuestras posibilidades.

http://www.adperfectsystems.com es el único sitio autorizado por el Sr. Ayhan  Doyuk para llevar a cabo esta nueva fase de desarrollo y todo su contenido son propiedad intelectual y protección legal bajo las leyes internacionales contra la copia, el plagio, la falsificación o la reproducción. Este sitio es el único que puede vincular a la información que le corresponde y de confianza que puede existir en línea.

Otro tipo de información en línea sobre el Sr. Doyuk o su equipo que se diferencia de éste publicado aquí en este sitio es absolutamente falso y mal intencionado claramente con el objetivo de todo el mundo engañoso que busca la verdad

We wish that we can guide you rightly and we will be very pleased to serve you.

Sincerely yours,
A.D. Perfect Solutions World Systems
and AyDo World Projects

 

Partiendo el alma y el espíritu…otra verdad olvidada

«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta» (Hebreos 4:12-13).

Una distinción necesaria
Es indispensable saber distinguir entre el alma y el espíritu, ya que ello concierne al crecimiento espiritual del creyente. ¿Cómo podrá éste buscar lo espiritual si ni siquiera sabe qué diferencia hay entre el espíritu y el alma? En efecto, a menudo confunde los impulsos del alma con lo espiritual, y así permanece por largo tiempo en el ámbito de la vida mental en vez de buscar la vida espiritual. Muchas veces la Palabra de Dios hace mención de ciertos aspectos del espíritu, así como del alma. Por ejemplo, la Biblia se refiere a la tristeza del espíritu y también a la tristeza del alma; y de igual modo, al gozo del espíritu y al gozo del alma.

Viendo, pues, que el espíritu y el alma se manifiestan de la misma manera, hay muchos que llegan a la precipitada conclusión de que el espíritu tiene que ser el alma. Esto sería lo mismo que decir: «Puesto que usted come, y yo también, usted tiene que ser yo». Pero Hebreos 4:12 nos dice que «la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu». Así que, como el alma y el espíritu se pueden separar, el alma tiene que ser el alma, y el espíritu el espíritu.

La Escritura nos dice que cuando Dios creó al hombre, lo formó «del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7). El original hebreo dice, literalmente, alma viviente; y así aparece en nuestra versión «antigua» (1909). Este aliento de vida es el espíritu del hombre, puesto que vino directamente de Dios. Cuando este aliento de vida tocó el cuerpo del hombre, se originó el alma – y el hombre fue un «alma viviente». Por su origen divino, el espíritu del hombre era consciente de la existencia de Dios, conocía la voz de Dios y podía comunicarse con Dios. Pero cuando el hombre cayó, su espíritu murió para Dios. De allí en adelante el espíritu de Adán – al igual que el de todos sus descendientes – sufrió tal opresión de parte del alma, que quedó unido íntimamente a ésta. Con todo, cuando una persona es salva, su espíritu revive para Dios; pero debido a que por tanto tiempo el espíritu y el alma han estado estrechamente unidos, es necesario que la Palabra de Dios los parta o separe.

La diferencia de origen

Si bien las manifestaciones del alma y del espíritu se parecen, éstos pertenecen a reinos diferentes, porque proceden de dos fuentes diferentes. Cuando usted siente gozo, por ejemplo, tal manifestación puede ser de su alma o de su espíritu. En uno u otro caso es gozo; pero hay diferencia en cuanto a su origen. Y lo mismo ocurre cuando usted está triste. La tristeza es tristeza, pero puede venir de distintas fuentes. Pues, ¿de dónde viene? ¡Ah! Esa es la pregunta que Dios mismo quiere hacerle. ¿Viene esta tristeza de su alma o viene de su espíritu?

Permítame ponerle este otro ejemplo. Cuando Dios le prometió un hijo a Abraham, éste ya era anciano y al parecer no abrigaba muchas esperanzas. Y así fue como, después de esperar largos años y sin haberse cumplido aún la promesa de Dios, Sara, su esposa, le propuso que tomara por mujer a Agar, la sierva egipcia que ella tenía. Abraham lo hizo así y tuvo con Agar a su hijo Ismael. Pero al cabo de catorce años, Dios hizo que Sara diera a luz a Isaac. Cuando leemos los capítulos 15, 16, 17 y 21 de Génesis, puede que no nos percatemos de lo que representan Isaac e Ismael; pero leamos Gálatas 4 en el Nuevo Testamento y comprenderemos de inmediato lo que ambos significan. Pablo nos dice que uno de ellos (Isaac) nació por la promesa, pero que el otro (Ismael) nació según la carne (v.23). ¿Nota usted la diferencia? El hombre razona que todo está bien con tal de tener un hijo; pero Dios quiere saber cómo va a nacer ese hijo. Nosotros queremos un hijo, ya sea Isaac o Ismael; pero la Palabra de Dios nos dice que Ismael representa lo carnal, mientras que Isaac representa lo espiritual. Ismael simboliza lo que el hombre obtiene con su sabiduría y poder; en cambio, Isaac simboliza lo que es de Dios y dado por Dios.

¿Qué es, pues, anímico? Lo que hace uno mismo. ¿Y qué es espiritual? Lo que hace Dios. Y estos dos son radicalmente diferentes. En efecto, una persona puede hacer algo sin necesidad de esperar en Dios ni confiar en él. Tal acto es carnal y anímico. Pero si una persona no puede hablar antes de que lo haga Dios, ni moverse sin que él lo haga primero –esto es, si tiene que acudir a Dios y esperar y confiar en él–, tal persona y tal acto son espirituales.

Preguntémonos, pues, si todo lo que hacemos lo hacemos en el Espíritu Santo. Verá usted que ésta es una pregunta sumamente importante. Con frecuencia no hay nada de malo en lo que hacemos; no obstante ello, sentimos reprobación en lo íntimo de nuestro ser. ¿A qué se debe este sentimiento? No es que necesariamente sea malo lo que hacemos, sino que aquello no se ha originado en Dios. Es decir, no es el resultado de la acción del Espíritu Santo en nosotros.

Obra superficial vs. Obra profunda

En 1ª Corintios 3, el apóstol trata de la construcción de un edificio, metáfora con la cual se refiere a la obra que hacemos para Dios y al servicio que le prestamos. En este edificio, algunos construyen con oro, plata y piedras preciosas, mientras que otros lo hacen con madera, heno y hojarasca. Pues bien, ¿cuál es la obra hecha con oro, plata y piedras preciosas? ¿Y cuál la hecha con madera, heno y hojarasca? En la Escritura, el oro, la plata y las piedras preciosas simbolizan lo que es de Dios, a saber: el oro, la gloria que viene del Padre; la plata, la redención que el Hijo llevó a cabo; y las piedras preciosas, la obra del Espíritu Santo, ya que éstas son compuestos que se han formado bajo tierra y mediante la acción de un calor muy intenso. Así, se llama oro, plata y piedras preciosas a lo que se caracteriza por reunir en sí la eterna gloria de Dios, la cruz del Hijo y la organización del Espíritu Santo. ¿Y qué simbolizan, entonces, la madera, el heno y la hojarasca? Obviamente, todo lo que procede del hombre mismo. En efecto, la gloria del hombre es como la hierba (el heno) y las flores; su naturaleza, como la madera; y su obra, como la hojarasca.

Ahora bien, el oro, la plata y las piedras preciosas no están en la superficie de la tierra; hay que extraerlos de sus profundidades. En cambio, la madera, el heno y la hojarasca se hallan a flor de tierra y, en consecuencia, se pueden obtener fácilmente. De esto podemos inferir que todo lo que sale de lo profundo de nuestro ser, como resultado de lo que allí ocurre, muestra en sí la obra de Dios, pero que todo lo que es hecho por la carne, procede del hombre. Lo que se puede hacer fácilmente no tiene mucho valor espiritual, puesto que es algo puramente superficial; pero lo que viene de lo profundo de nuestro ser tiene mucho valor, porque es de Dios.

Se puede notar esta diferencia en la predicación. En efecto, algunos, cuando tienen que predicar, necesitan esperar en Dios hasta que sienten una carga en su corazón. Esta es la obra de oro, plata y piedras preciosas. Otros, en cambio, predican porque tienen una mente aguda y son elocuentes. Y no sólo esto, sino que también pueden recordar muchas cosas. Por eso les es fácil predicar. Desde luego, trabajan activamente; pero a los ojos de Dios todo esto es sólo madera, heno y hojarasca y, por consiguiente, tiene muy poco valor espiritual.

Una vez en cierto lugar un hermano estaba predicando. Desde el punto de vista humano, las circunstancias eran excelentes y, por tanto, debía haberse sentido razonablemente feliz. Pero por extraño que parezca, a medida que transcurría el tiempo, se sentía cada vez más vacío y seco, aun cuando predicaba con vehemencia. Cuando hubo terminado, tuvo que confesar sus pecados delante de Dios y reconocer que había hecho las cosas por su propia cuenta.

El asunto no depende aquí de las circunstancias en que se halla la obra, sino fundamentalmente de quién la hace; o en otras palabras, de dónde se origina. Por ejemplo, un predicador puede aprender a decir las mismas palabras y a predicar el mismo mensaje que otro, pero los que lo escuchan, sienten que es sólo una persona inteligente; en cambio, todos se dan cuenta de que el otro es un hombre que conoce a Dios. Cuando escuchamos a algunos siervos de Dios, inclinamos la cabeza y decimos: «Dios está aquí». Pero cuando escuchamos a otros, podemos decir tan sólo que son inteligentes y elocuentes. Si usted llega a Dios, podrá hacer que otros también lleguen a él; pero si llega tan sólo al alma, hará que la gente llegue sólo a usted. ¡Y qué tremenda es esta diferencia!

¿Genuino o imitado?

No sólo es cierto esto en lo que se refiere a ver a Dios, sino también en nuestra vida aquí en la tierra. Un día un creyente fue a hablar con un siervo de Dios. Como estaba un tanto temeroso de ser criticado, este creyente hacía todo lo posible por mantenerse humilde durante la conversación. Tanto su actitud como sus palabras denotaban humildad. Pero mientras él procuraba ser humilde, los que estaban sentados a su alrededor, notaron el esfuerzo que hacía. Ahora bien, si una persona es verdaderamente humilde, no necesita hacer un esfuerzo tan grande. Pero como este creyente aparentaba humildad, sí que tenía que hacerlo. ¿Puede decirse, entonces, que no era humilde? Bueno, parecía serlo; pero de hecho su humildad era artificial y, por consiguiente, del alma. Porque si Dios hubiera actuado en ese hermano, bien habría podido él ser humilde con toda naturalidad. Él mismo no se habría percatado de su humildad y los que lo rodeaban habrían visto la obra de Dios en él.

La mujer que se empolva, necesita con frecuencia mirarse al espejo; pero el rostro de Moisés resplandecía sin que él se diera cuenta siquiera. En realidad, el que manifiesta los efectos de lo que Dios hace en su vida, ése puede ser llamado espiritual. Pero el que trata de elaborar algo, tiene que esforzarse mucho; por lo cual se siente cansado de ser cristiano, si bien el cristiano nunca debe hacer nada con sus propias fuerzas. La verdad es que muchas veces nosotros creemos que si una cosa parece buena, probablemente lo es; pero Dios mira la procedencia de tal cosa, para ver si es de él o se trata de una imitación hecha en el poder de la carne.

Lo mismo se podría decir de otros casos. Digamos, por ejemplo, que alguien trata de ser paciente. Pero cuanto más procura serlo, tanto más usted, con espíritu perspicaz, se compadece de él. En cambio, otra persona puede ser paciente sin darse siquiera cuenta de ello. En tal caso usted inclina la cabeza en señal de agradecimiento y dice que en verdad Dios ha actuado en esa vida. Usted nota que lo segundo es de Dios, pero que lo primero es del hombre mismo. La diferencia radica no en la manifestación misma, sino en la fuente de donde procede.

Oh, sí; debemos comprender que aunque algo que es de la vida natural puede manifestarse espontáneamente, no por ello tal manifestación es del espíritu. Por ejemplo, alguien nace con un carácter dócil; pero un día se dará cuenta de la gran diferencia que hay entre su docilidad natural y la docilidad que da Cristo. Otro puede haber nacido con la disposición natural de amar a la gente, pero también un día comprenderá la enorme diferencia que hay entre su amor natural y el amor que viene del Señor. Y lo mismo se puede decir del hombre que nace con un carácter humilde; porque también él notará un día la diferencia que hay entre su humildad natural y la humildad que da Dios.

Esta disposición con que nace una persona tiende a sustituir más fácilmente a lo que es espiritual que a lo que puede ser estimulado por el hombre. ¡Cuántas veces, en efecto, la gente suele tomar lo que es natural en ellas, como sustituto de lo que el Señor procura hacer en sus vidas! Pero en realidad, lo que viene del alma no tiene ninguna conexión con Dios, ya que sólo se relaciona con él lo que viene del espíritu.

Aun el más manso de los hombres descubrirá algún día que la tentación es más fuerte que su mansedumbre natural. Porque entonces dejará de ser manso y se le acabará la paciencia. Efectivamente, él puede soportar y ser manso sólo hasta cierto punto. Pero mientras que la fuerza natural del hombre tiene su límite, la fuerza que nos da el Señor es algo totalmente diferente. Lo que puede hacer el Señor no lo puedo hacer yo; porque lo que puedo hacer espontáneamente no lo hago yo, sino el Señor que está en mí. Y una vez que lo he hecho, suelo maravillarme de cómo fue posible tal cosa. Entonces sólo puedo inclinar la cabeza y decir: «Yo no tengo paciencia; pero tú, Señor, me la estás dando». Y sin duda, esto es algo verdaderamente espiritual.

Necesidad de luz espiritual

Debemos reconocer, sin embargo, que no nos es fácil distinguir entre lo espiritual y lo anímico si nos guiamos tan sólo por las apariencias. Y no vale la pena que todos los días nos preguntemos si esto es espiritual o si aquello es anímico, ya que el hacernos tales preguntas en nada contribuirá a nuestro crecimiento espiritual. Desde luego, podemos hacérnoslas, pero no tendremos respuesta. Asimismo podemos hacernos un autoanálisis, pero tampoco conseguiremos ningún resultado. Si no nos preguntamos nada al respecto, no lo sabremos jamás; pero tampoco lo sabremos si nos lo preguntamos.

En las cosas espirituales, el autoanálisis, además, de no servir para mostrarnos la realidad, produce una verdadera parálisis espiritual. La verdadera comprensión, en cambio, viene con la iluminación de Dios. Cuando resplandece su luz en nosotros, comprendemos con toda naturalidad. Así pues, no necesitamos hacernos preguntas; todo lo que necesitamos hacer es pedirle a Dios que haga resplandecer su Palabra en nosotros. Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz; es más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, así como también las coyunturas y los tuétanos. Tan pronto como la Palabra de Dios penetra en nosotros, podemos discernir entre lo que es anímico y lo que es espiritual.

Entonces tenemos un discernimiento que es más perspicaz que el discernimiento humano. Por ejemplo, si tomamos una decisión errada, nuestro sentido interno nos hace ver que cometimos un desatino, que no hicimos lo mejor o que hacemos las cosas por nuestra cuenta y tratamos de influir en la gente. Esto quiere decir que vemos realmente cuando miramos dentro de nosotros. Quiera Dios tener misericordia de nosotros y concedernos esa luz interior con la cual podamos distinguir lo que hay en nuestra vida.

Para que el cristiano tenga el poder de discernir, es fundamental que la Palabra de Dios penetre en él hasta partir (separar) el alma y el espíritu. Pero el tener o no este poder de discernir depende de la iluminación divina interna y no de la instrucción humana externa. Por tanto, lo que tenemos que hacer es esperar delante de Dios que su Palabra nos ilumine al penetrar en nosotros. Entonces ella nos mostrará qué es anímico y qué es espiritual en nuestra vida y en nuestra obra.

Espíritu, alma y cuerpo…una verdad olvidada

Contra lo que las ciencias humanistas y la opinión común sostienen, la Biblia afirma que el hombre no es un ser dual de alma y cuerpo, sino tripartito, con espíritu, alma y cuerpo.

Espíritu, alma y cuerpo

La idea común acerca de la constitución del ser humano es dualista, es decir, reconoce la existencia de cuerpo y alma. La filosofía, a través de sus largos siglos de desarrollo, ha refrendado esta opinión. Sin embargo, la Palabra de Dios no divide al hombre en dos partes, sino en tres, espíritu, alma y cuerpo (1ª Tesalonicenses 5:23). Reconocer esta diferencia tiene gran importancia para la vida espiritual de un creyente, específicamente en lo que respecta a su madurez y a su servicio. El confundir lo espiritual con lo anímico (del alma) puede provocar que las cosas espirituales, que son las que tienen valor en la obra de Dios, jamás sean tocadas. Es preciso conocer y experimentar la división del alma y el espíritu para poder servir a Dios en el espíritu y ser así de utilidad para Dios (Hebreos 4:12).

En efecto, el ser humano tiene tres partes (lo mismo que el templo de Dios): el cuerpo, con que somos conscientes del mundo (el atrio); el alma, con que somos conscientes de nosotros mismos (el Lugar Santo); y el espíritu, con que somos conscientes de Dios (el Lugar Santísimo).

El espíritu

El espíritu del hombre es el lugar en que establecemos toda comunicación con Dios. (Rom. 8:16; 1 Cor. 14:14). El espíritu (de quien ha sido regenerado) tiene tres funciones principales: conciencia, que discierne lo bueno y lo malo (1ª Cor. 5:3; 2ª Cor. 2:13), intuición, con la que se sabe y se sienten los movimientos del Espíritu Santo (Mr. 2:8; Jn. 11:33), y la comunión, con que se adora a Dios (Jn. 4:23; Rom. 1:9). Estas tres funciones están profundamente ligadas y operan coordinadas.

Antes de la caída, el espíritu del hombre era la parte más noble de todo su ser, y tanto el alma como el cuerpo le estaban sujetos. Por el espíritu, Adán percibía a Dios, y tenía comunión con él. Pero con la caída, el espíritu murió, perdió el control y la comunión con Dios, y comenzó a vivir por el alma. El espíritu del hombre quedó bajo el poder y la opresión del alma, hasta quedar fusionado con ella.

Con el milagro de la regeneración, Dios comienza a recuperar su lugar en el hombre, pues viene a habitar en su espíritu, ahora revivido. (Jn. 1:13; Tito 3:5; Rom. 8:16; 1ª Cor. 6:17). El propósito de Dios es que el espíritu recupere el gobierno sobre el alma, y a través de ésta, sobre el cuerpo.

La vida del cristiano necesita ser gobernada por el espíritu. De aquí surge una lucha entre el alma y el espíritu, y como en toda lucha, vencerá el que es más fuerte. Si es más fuerte el espíritu, y tiene control sobre el alma y el cuerpo, será un cristiano espiritual; si, por el contrario, el alma (aliada con los apetitos del cuerpo) es quien tiene el control, será un cristiano carnal.

Para que el cristiano logre la victoria, será necesario separar del todo el alma del espíritu. Hebreos 4:12 dice que la Palabra de Dios produce esta necesaria división. Luego, por medio de la operación de la cruz, el alma mengua, y por la operación del poder del Espíritu de Dios, el espíritu se fortalece.

Si no se produce la división del alma y el espíritu, los creyentes siguen fuertemente influenciados por el alma, y por ello siempre siguen objetivos entremezclados: algunas veces andando de acuerdo con la vida del espíritu, y otras de acuerdo con la vida natural.

Pero si esta separación se produce, el creyente será capaz de detectar inmediatamente cualquier intento del alma por tomar el control, y podrá rechazarla. Así, el espíritu podrá desarrollar su poder intuitivo de modo más agudo. Sólo después de haber experimentado esta separación pueden los cristianos entrar en posesión de un sentido genuino de pureza.

Los creyentes tienen que ver que todo lo que procede del alma no aprovecha (es carne) y que sólo el espíritu es el que da vida. (Jn. 6:63). Sólo cuando un hombre vive por el espíritu llega a ser espiritual. Como Dios es espíritu, toda obra de Dios es espiritual; y quienes sirven en ella deben hacerlo en el espíritu. La efectividad del cristiano dependerá de si ha tenido la experiencia de ser sumergido en el Espíritu Santo, tal como fue sumergido en el bautismo de agua.

Luego de este bautismo, el creyente puede ser introducido en la obra espiritual, en la batalla espiritual, en la oración espiritual. Sus sentidos espirituales han sido despertados y ahora puede experimentar el poder del Espíritu Santo.

El hombre interior también es fortalecido en la lucha contra Satanás. Y es necesario vencerlo permanentemente en todo lugar. Antes de que él asalte al cristiano en el hombre interior para oprimirlo o bloquearlo, es necesario salir y atacarlo. La mejor defensa es el ataque. Asimismo, todas sus obras de engaño, opresión, de quebrantamiento deben ser deshechas en todo lugar, para así ver la gloria de Dios.

El espíritu del creyente debe permanecer siempre activo, colaborando con Dios, recibiendo revelación, orando en el espíritu, escudriñando las Escrituras, meditando en las obras de Dios.

Un siervo de Dios tiene que estar ejercitado en reconocer la voz del espíritu y distinguirla de las voces del alma o de los espíritus malignos. Así como conoce el «yo» (alma), debería conocer cómo funciona y qué leyes tiene el espíritu. Así entendería que la vida del espíritu no es ocasional, ni tampoco oscilante (como las mareas del mar), sino estable, apacible y abundante (como un río).

El alma

El alma, ubicada entre el espíritu y el cuerpo, es la sede de la personalidad del hombre (Dios lo creó un «alma viviente»). El alma es un reducto inalienable, el cual ni siquiera Dios puede violar. Allí en el alma el hombre tiene todo el poder de decisión.

Cuando Dios creó al hombre, quiso que su espíritu fuera como un amo, el alma como un mayordomo y el cuerpo como un criado. El amo encarga asuntos al mayordomo, quien a su vez ordena al criado que los lleve a cabo. Sin embargo, con la caída, el alma se erigió en amo, y el espíritu se adormeció. Se rompió la comunión con Dios. Un hombre sin Dios tiene, normalmente, en función sólo el alma y el cuerpo. En cambio, uno que ha nacido de nuevo puede volver al diseño original de Dios: espíritu, alma y cuerpo.

El alma tiene que dejar de ser amo y volver a ser mayordomo, porque hay el peligro de que el espíritu quede oprimido (es el caso de los que son «niños en Cristo»). El alma también puede retroceder a ser esclava del cuerpo, en la inmundicia, lascivia, etc., o ser influenciada por el poder de las tinieblas, sea con la sabiduría terrenal, o con visiones y sensaciones sobrenaturales que la estimulan.

Funciones del alma

a) Emociones. Este ámbito abarca los afectos, los deseos y sentimientos.

Afectos. Cuando el cristiano se consagra es relativamente fácil entregar su tiempo, dinero, poder, etc., pero el ofrecer sus afectos es muy difícil. Pero si no ofrece sus afectos no ha ofrecido nada. Dios exige amor absoluto de sus hijos, es decir, con todo el corazón, alma y mente. El amor hacia los suyos es el más grande rival del amor a Dios en el corazón del creyente. El Señor no sólo espera que el cristiano trabaje para él, sino, sobre todo, que le ame.

Deseos. Los deseos del alma se centran en el «yo», para su deleite y exaltación. Estos son quitados por la operación de la cruz. Y entonces ya no hay ansiedad por alcanzarlos; hay reposo. No hay frustración, porque ya nada se desea sino a Dios. Los deseos sólo provocan inquietud y afán, y nunca serán enteramente satisfechos. Cuando el cristiano está satisfecho con lo que Dios le da, tiene reposo. La vida espiritual es una vida satisfecha en Dios.

Los sentimientos son un camino con muchos altibajos. Cuando están en la cúspide, el creyente piensa que está en su estado óptimo, que es espiritual; y cuando, por el contrario, se siente frío y seco, piensa que es anímico y carnal. Esto no es así: en ambos casos, es un cristiano anímico y anda por sentimientos.

¿Por qué Dios concede sentimientos de felicidad y luego los retira? Para que el creyente se conozca en toda su fragilidad e inestabilidad, y para que, dominando sus sentimientos, pueda dominar el ambiente. Él quiere que el creyente le sirva, ya sea que esté feliz o que esté triste. También retira esos sentimientos para que el creyente entrene su voluntad. La vida de fe puede ser llamada la vida de la voluntad, puesto que la fe no se ve afectada por aquello que se siente.

Un creyente emocional es inútil en las manos de Dios. Sólo apegando la voluntad a la de Él, se halla perfecto reposo.

b) La mente. La mente es el instrumento de nuestros pensamientos. Por medio de la mente el hombre conoce, piensa, imagina, recuerda y entiende.
La mente del hombre es una gran fortaleza; es motivo de orgullo y es la causa del progreso de la civilización; sin embargo, espiritualmente es un gran peligro, pues es un terreno especialmente susceptible para la acción de Satanás. El entendimiento es fácilmente cegado, y surgen argumentos y pensamientos contra el conocimiento de Dios. Mediante la mente, el hombre no puede conocer a Dios, antes bien, levanta fortalezas mentales que le han llevado a apartarse de Dios y aun a desafiar a Dios. Una mente reducida por Satanás es como una fortaleza que es necesario derribar. En el momento de la regeneración, la mente es traída a la obediencia a Cristo, pues «arrepentimiento» significa «cambio de mentalidad».

Sin embargo, aun en el creyente, la mente es el punto más vulnerable para la acción de Satanás. El nuevo creyente tiene un nuevo corazón, pero todavía arrastra una mente vieja. Muchas veces la mente se llena de pensamientos, imaginaciones, recuerdos, o ideas confusas de modo incontrolable. Su mente estuvo tan manipulada por Satanás en el pasado, que no puede dejar esos pensamientos a menos que su mente sea renovada.

Por eso, apenas convertido, el cristiano necesita de una profunda renovación de su mente. Ella debe ser ampliada y fortalecida. Dios quiere restaurar la mente para que pueda ser útil en las manos de Dios. El cristiano requiere de su mente para las cosas espirituales, pero una mente restituida al lugar que Dios le dio en el principio, es decir, sujeta al espíritu. La vida cristiana no es, como pudiera pensarse, una vida de puro corazón, sin entendimiento. Caer en ese extremo es fanatismo peligroso, pues puede llevar a cometer los más graves excesos y a sostener las más absurdas herejías.

El diablo puede poner pensamientos en la mente (como en Judas) o quitar pensamientos; de hecho, el diablo quita la palabra sembrada en el corazón para que las gentes no crean y se salven (Mt. 13:19). Con todo, él no tiene soberanía sobre ella, a menos que el cristiano, consciente o inconscientemente se lo permita, cediéndole terreno.

¿Cómo se le cede terreno a Satanás en la mente? Primero, con una mente que acaricia el pecado. Segundo, con una incorrecta comprensión de la verdad de Dios. Tercero, buscando las predicciones (horóscopos). Si un creyente busca conocer el futuro, le vendrá aquello que cree, porque los demonios hallarán terreno para provocarlo. Finalmente, manteniendo la mente vacía o pasiva. El diablo desea una mente así para poner sus pensamientos. Dios no quiere robots, quiere que el hombre coopere con él, en pleno uso de sus facultades. Si el cristiano no ocupa su mente, tampoco la ocupará Dios, aunque sí la puede ocupar Satanás.

¿Cómo vencer en esta batalla? Le mente tiene que ser renovada, mediante el despojamiento del viejo hombre (Ef. 4:17-24). Una mente renovada es una eficaz colaboradora en la obra de Dios. Además de que sus facultades se despiertan y agilizan, está en condiciones de seguir al Espíritu Santo en su obra de revelación en su espíritu (Ef. 1:17-18). Luego que el espíritu del cristiano recibe luz de Dios, mediante la capacidad intuitiva, la mente es capaz de retener esa luz e interpretarla. Aquí la mente colabora con el espíritu, aunque siempre va detrás de éste.

Una mente renovada es también una mente abierta, libre de prejuicios, que estará en condiciones de recibir la Palabra de Dios a través de otros cristianos, o mediante lecturas edificantes. Una mente renovada, en fin, es una mente controlada y purificada por el Espíritu y llena de la Palabra de Dios.

c) La voluntad. La voluntad es la capacidad que tiene el hombre para tomar decisiones. Es el verdadero «yo», que tiene la mayor influencia sobre la persona. Por tanto, la salvación plena tiene que alcanzar su voluntad.

Dios creó al hombre con una voluntad soberana, capaz de decidir por sí mismo. Ahora bien, cuando el hombre decidió por sí mismo, independientemente de Dios, cayó. La salvación se obtiene cuando la voluntad es puesta en obediencia a Dios. Ahora tiene una nueva dirección.

La voluntad del hombre tiene que unirse perfectamente a la voluntad de Dios para que la salvación sea completa. Para que esto sea posible, a causa de la obstinación del hombre, Dios usa muchos medios para reducirle a la obediencia. Uno de ellos es la disciplina. Lo que Dios quiere no es sólo que el cristiano haga Su voluntad, sino que ella sea su deleite. Que la voluntad Suya y la de él sean la misma. ¿Cómo es esto posible? Llevando el alma a la cruz para que pierda su fuerza y energía.

Hay un peligro con la voluntad. El mal uso o el desuso de ella pueden dar lugar a la operación de los espíritus malignos. En general, todo pecado da lugar al diablo para que opere en el cristiano. Pero no sólo los pecados de hecho, sino también de omisión (Stgo. 4:17).

El más frecuente pecado de omisión es la pasividad. El Señor dota al cristiano de toda clase de capacidades y talentos, ninguno de los cuales debe quedar sin ser usado o ser mal usado. Cuando un creyente no está usando sus talentos, ha caído en la pasividad.

Los espíritus malignos sacan ventaja de esta inactividad, porque, sin el creyente saberlo, está cediendo terreno a la acción de ellos y está cumpliendo el requisito fundamental para que ellos puedan operar.

Mientras que Dios requiere de la cooperación del hombre en el uso de sus talentos, Satanás exige el cese del ejercicio de la voluntad y ciertas acciones del hombre para poder actuar por él. Por ignorancia, el creyente cree que la pasividad es señal de obediencia y consagración, y cede el terreno al diablo.

El cristiano que se ha abandonado a la pasividad debe decidir finalmente a recuperar el ejercicio de su voluntad y demás facultades, para ponerlas al servicio activo de Dios. Para recuperar el terreno deberá resistir firmemente y recuperar lo que se ha cedido. El creyente debe recuperar su soberanía, su dominio propio. Debe experimentar liberación en los muchos puntos en que fue atado e inmovilizado por Satanás.

La obediencia del cristiano a Dios debe ser incondicional. No obstante, esto no implica que no tenga más su propia voluntad. Dios no quiere obediencia ciega, sino que Su voluntad sea hecha voluntariamente, en plena conciencia. Mediante su voluntad renovada, el creyente tiene que alcanzar el dominio propio, y controlar su espíritu, su alma y aun su cuerpo. Sólo así podrá andar siempre en el espíritu.

El cuerpo

Para que la salvación de Dios sea completa debe alcanzar al cuerpo. Aunque la obra de Dios comienza en el espíritu, y sigue con el alma, también debe expresarse en el cuerpo.

La importancia del cuerpo es evidente por cuanto Dios fue manifestado en carne. El Verbo se hizo hombre, lo cual permitió la salvación del hombre y la derrota de Satanás (por eso los espíritus inmundos no pueden confesar esta verdad).

El cuerpo del Señor Jesús en la tierra fue el templo de Dios (Jn. 2:21); hoy el cuerpo del cristiano también lo es (1ª Cor. 6:19). Uno de los mayores pecados (la fornicación) se asocia con el cuerpo, porque significa tomar un miembro de Cristo y hacerlo miembro de una ramera (1ª Cor. 6:15).

El cuerpo tiene necesidades, las cuales deben ser suplidas; no obstante, esto no significa gratificar el cuerpo. Si el cuerpo es complacido cada vez, se volverá un amo con más y más exigencias, y dejará de ser un siervo. El alma también se verá envuelta en sus apetitos y caerá en el hedonismo (búsqueda del placer).

La consagración del cristiano ha de comenzar por el cuerpo, el cual es presentado como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Luego, el entendimiento, el alma, es renovada, y la voluntad de Dios puede ser comprobada en el espíritu (Romanos 12).

Así como el espíritu fue vivificado al recibir la justificación, así el cuerpo es vivificado por su Espíritu (Rom. 8:10-11). En 1ª Corintios 6:13 dice «El cuerpo es para el Señor… y el Señor para el cuerpo». Esto primero significa que no es para la satisfacción y el deleite; es para el Señor. El cuerpo ha de servir como instrumento de justicia.

«El Señor es para el cuerpo» significa que el Señor no sólo salva el espíritu y el alma, sino también el cuerpo de enfermedades y plagas. Si el cristiano acepta que el cuerpo es para el Señor, y se consagra para él, el Señor va a conceder vida y poder a su cuerpo. Él mismo lo va a cuidar y preservar. Él lo va a restaurar si está enfermo, y lo va a preservar para que no esté enfermo.

La introducción del pecado en el hombre trajo consigo no sólo la muerte, sino también la enfermedad (La enfermedad se halla entre el pecado y la muerte). El Señor no sólo perdonó pecados, sino que también sanó enfermos. Él vino a deshacer las obras del diablo, y éstas tienen que ver con la enfermedad y con la muerte.

Un cuerpo sano no es para los deseos carnales, sino para Dios.

«Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1ª Tes. 5:23).

La serpiente biblica del eden es un principe libertador de los humanos

El comportamiento de Dios en el Edén es bastante peculiar.

El Edén es el momento clave de la historia en la Tierra porque lo que ocurrió allí preparó el escenario para los hechos futuros. También le dio una oportunidad a alguien de tomar el mando, educar y desarrollar la raza humana para sus propios intereses. Lo que se ha enseñado a la gente es una mentira que va CONTRA los escritos de la Biblia, la lógica y el sentido común. Si se estudia la Biblia con cuidado se darán cuenta de que no refleja que la Serpiente fuera malvada y que intentara engañar a la raza humana.

Los antiguos escritos de la Biblia revelan un montón de información de lo que ocurrió hace 6,000 años en el Edén.

Mediante la lógica y el sentido común podemos mostrar que esos escritos antiguos de la Biblia reflejan el resultado final que todos nosotros podemos ver claramente en el mundo actual.

Y saliendo de la tierra hizo el SEÑOR Dios crecer cada árbol que es agradable a la vista, y bueno para alimento, el árbol de la vida también en el medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.Génesis 2:9

El conocimiento del bien y el mal era parte de lo que veis en este lugar de la Web. Una parte es conocer que el Mal debe disfrazarse como el Bien para engañar a su víctima. Las estratagemas usadas por el mal son fáciles de ver. El mal a menudo toma la verdad y la mezcla con falsedades para engañar.

El mal también oculta información como por ejemplo:

Y el SEÑOR Dios mandó al hombre, diciendo, De cualquier árbol del jardín tu puedes libremente comer: Pero del árbol del conocimiento del bien y el mal, tu no deber comer de el: porque el día que tu comas de el tu seguro morirás.
Génesis 2:16-17

El pasaje anterior nos dice que fue “el SEÑOR Dios” quien le dijo a la humanidad que NO comiera del fruto que simboliza el conocimiento. ¿Por qué obtener esa información sería un pecado? ¿Por qué el ocultar el conocimiento es coherente con la forma en que el Gobierno actual oculta la información? El ocultamiento de la información es pernicioso, ¿no es así?


El comportamiento que “Dios” exhibió en el Edén es perfectamente consecuente con lo que el mal tendría que hacer si su objetivo fuera tomar a la raza humana y controlarla. Esto en si mismo es coherente con los Símbolos Luciféricos encontrados en Washington D.C. El Gobierno tiene la parte más grande en el control del mundo.

La Biblia también nos dice específicamente que Satán controla este mundo:

En quien el dios de este mundo [Satán] ha cegado las mentes de ellos que no creen, por el temor de la luz del evangelio glorioso de Cristo, que es la imagen de Dios, brillará sobre ellos.
II Cor 4:4

La Biblia también nos avisa de que Satán puede disfrazarse como Dios:

Por que incluso Satán se disfraza como un ángel de luz. Por lo tanto no es sorprendente si sus sirvientes también se disfrazan como los sirvientes de la rectitud; cuyo final estará de acuerdo con sus obras.
II Corintios 11:14-15

Satán se disfrazó en el Edén y arrebató el control de la tierra a Dios. Sabemos que esto es verdad por los muchos escritos de Masones de alto grado que rezan a Lucifer. Esto explica una de las razones por las que eligieron el Trazado Luciférico para Washington D.C. Podemos ver también que la Masonería controla los asientos de PODER tanto en el Gobierno como en los grandes negocios.

La Serpiente que estaba intentando enseñar a la humanidad el conocimiento del bien y el mal no era Satán. La Serpiente fue alguien etiquetado como malvada por aquellos que dominaban sobre la raza humana. El príncipe EA era la Serpiente, el estaba intentando liberar a la raza humana de sus ataduras.


Muchas referencias a Dios en el Viejo Testamento no eran a Dios sino eran los Elohim. Ellos eran dioses de la guerra. Cristo incluso enseñó que el Dios del Antiguo Testamento no era su padre. El mal no puede triunfar sin el engaño. Este es el motivo por el que utiliza la organización de las “buenas obras” la Masonería para esconderse detrás. Usa la Masonería para controlar el mundo como se proclama en la Biblia.

Si seguís la pista al Gobierno de los Estados Unidos, os habréis dado cuenta de que su comportamiento es igual que el de “Dios” en el Edén. ¡No hay diferencia entre los dos!

Ellos vinieron aquí hace mucho tiempo y han permanecido con nosotros todo este tiempo.

Muchas veces en el pasado el Gobierno de los Estados Unidos ha mentido y ha ocultado la información a la gente. Ha violado también los derechos humanos. Estas actuaciones encajan con las del “Dios” en el Edén. Mis argumentos son sensatos y lógicos.

Hay una evidencia innegable que prueba que la tierra esta organizada para hacer mas poderosos a aquellos que la controlan y que tienen malas intenciones hacia la raza humana. Estudiando el resto de los contenidos de este sitio os daréis cuenta de que no hay diferencia entre aquellos que estaban esparciendo engaños y ocultando la información en el Edén y aquellos que dirigen el Gobierno contemporáneo.

La idea oculta detrás del control mundial es la esclavitud. La Biblia dice que Adán fue creado para trabajar para Dios. Este tampoco es el mismo Dios que el Padre del Cristo. Era el ELOHIM. No exige mucho controlar el mundo entero especialmente cuando tienes el control de la educación de todos desde el principio.

Mucha gente no se da cuenta de que su Iglesia esta predicando falsedades. Los Cristianos son una amenaza para Satán.

¿Crees realmente que Satán permitiría a la comunidad de los Cristianos obtener la Verdad sin contaminar? Después de que Cristo partió del mundo ellos fueron a manipular la historia de su vida y lo que enseñó. Rescribiendo e incluso borrando su Palabra.

El pecado “original” fue creado para mantenernos alejados del conocimiento…¡¡¡¡EL CONOCIMIENTO PROHIBIDO!!!!

El evangelio segun Acharya S ¿Que es Dios?

La idea que Dios es un varón blanco, de gran tamaño, con una barba flotante que se sienta en el cielo y cuenta el otoño de cada gorrión es absurdo. Pero si por “Dios” uno quiere decir el juego de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces claramente sí existe tal Dios. Este Dios es emocionalmente no-satisfactorio… No tiene mucho sentido para orarle a la ley de gravedad.

Carl Sagan

Acabo de leer su ensayo titulado “¿Que es Dios?”, y antes de ver más allá en su sitio Web, me gustaría decirle que lo encontré ser la pieza más auténtica de la escritura espiritual que he leído alguna vez. Tan conciso, un verdadero estímulo reales sin los impedimentos del mito, parábola y simbolismo oculto.

S, Australia

¿Qué es Dios? ¿Dios es un hombre gigante en que una vez encarnó como su propio hijo, hace 2,000 años, a través del útero de una mujer en el Medio Oriente? Ciertamente no. ¿Dioses un hombre que creó todo que vemos? Equivocado, de nuevo. Estas historias son sólo percepciones filtradas a través de la limitada mente humana. No son las últimas verdades.

¿Dios es varón? De ninguna manera. Ésta es una interpretación errónea por el ego masculino.

Dios” es la Fuerza de Vida

Uno puede pensar en Dios como la fuerza de vida que impregna el cosmos – gravedad o levedad, no le importa. Como un ejemplo de tal energía, uno puede tomar un enchufe y ponerlo en un toma corriente eléctrico – esta “desintegración” es de lo que se trata el volverse espiritual. Uno se conecta con “Dios“. Pero piense sobre esa fuerza de vida eléctrica: No tiene ninguna forma. En otras palabras, no es un ser humano. No tiene ningún género; no es un varón. Tiene ningún color; no es blanco. Tiene ningún tamaño y ningún recipiente.

Esa fuerza de vida, o “Dios” no es un hombre blanco gigante, como nos han dicho, que puede encarnar misteriosamente a través del útero de una virgen de cualquier etnia particular. En vez de ser históricos, estos son mitos que son meramente simbólicos para la creación de la materia por medio del espíritu.

En el Lejano Oriente, esta fuerza de vida ha sido discernida como y catalogada como el “Tao”. El Tao es la “cosa” que hace que los pájaros canten, que los gatos ronroneen y la savia de los árboles corra. Nosotros también podemos llamarlo “conciencia cósmica”. Simplemente es una energía, o espíritu que satura todas las cosas. Lejos de tener género, como hemos sido guiados a creer, es el principio magnético entre las potencias masculinas y femeninas. También es las polaridades masculina y femenina mismas. Este Gran Espíritu, Tao, o Dios, abarca todas las cosas. Si no está abarcando todo, no es Dios.

Cualquier cosa menos del total no es Dios.

La definición de “Dios” es omnipresencia misma. Nada está fuera de “Dios“.

La Mente Cósmica

El mecanismo creativo/destructivo de esta fuerza de vida que todo lo abarca puede ser llamada “mente cósmica” o la “mente universal”. Esta mente cósmica proyecta sus pensamientos a formas; por lo tanto, la realidad podría llamarse “Sueño de Dios”. Pero este sueño incluye la fragmentación de lo Divino en objetos aparentemente densos y en entidades que tienen una voluntad e independencia propia.

Como entidades separadas, nosotros estamos, no obstante, conectados atómicamente a esta fuerza de vida, pero el ego individual se separa en un estado de engaño. Esta ilusión, o maya, puede volverse tan fuerte que la creativa fuerza de vida está limitada, y la entidad por medio de la cual existe esta chispa ya no sabe que es “Dios”. Esta ilusión, que puede llamarse “Satanás” si se personifica – es como la existencia crea – separándose a sí misma fuera del todo y presentando la ilusión de los muchos.

Pero esta ilusión/ego/Satán no es nada malo hasta que está tan separado y denso que ya no se ve a sí mismo alrededor, pero ve “otro”, que es entonces, libre para dañar si fuera necesario o si el deseo se despertase.

Espiritualidad Verdadera

La verdadera espiritualidad se define, no por la separación, sino por la unión, unión con el todo, unión con la fuerza de vida, el Gran Espíritu, Tao, o Dios, que está detrás de la creación y la une. Claro, la separación misma también podría pensarse como una experiencia espiritual, en eso de que le da la oportunidad a una alma individual para desarrollarse de verdad.

Con todo ese desarrollo, nosotros regresamos a la omni-dimensionalidad de ser uno con el cosmos. Es una paradoja, sin embargo es una con la cual nos gusta vivir, una que nosotros mismos nos hemos creado como directores de nuestro propio drama. El estar separados y sin embargo infinitos – entonces, éste sería “Dios“. Esta unión es éxtasis, que en Griego significa “estar fuera de uno mismo “.

Cualquier cosa que imponga límites en una divinidad infinita no es un sistema o experiencia espiritual completa. Cualquier cosa que proyecte forma sobre esta Divinidad sin género, sin raza, sin forma y no jerárquica, no es la última verdad. La última verdad que es “Dios” no puede tener ninguna forma, ningún género, ninguna raza y ninguna jerarquía, en absoluto.

Dios” No Tiene Forma ni Género

En los sistemas gnósticos o esotéricos de cualquier religión, lo Último siempre se percibe como absolutamente sin forma. La realización de tal Último sin forma es considerado, dentro de estos sistemas, ser la afloración de la conciencia, la maduración del alma y psique. Así, la definición de “Dios” como un figura-padre en el cielo es una de una comprensión más baja en la cual reposa la puerilidad e inmadurez del hombre.

La creación no tiene ningún género, ni lo tiene el creador. “Dios” no sólo es el padre, sino también madre, y abuelo y tía y abuela y tío y primo y hermana y hermano, etc. Si la “Madre de Dios” puede dar el nacimiento a “Dios ,” ella también debe ser Dios.

¿Puede un ser imperfecto, impío darle luz a un ser perfecto, divino?

Ella también tendría que ser divina, lo cual la convierte en Dios.

En la realidad, detrás de las fábulas, la verdad es que la “Madre de Dios” tampoco tiene ninguna forma, sino simplemente es el aspecto hembra de la creación, cuando el Espíritu-Átomo neutro empieza a dividirse. Los elementos principales del creador/destructor/balanceador son masculinos y femeninos, en iguales proporciones. El perfecto equilibrio del yin/yang es la base de la creación.

No hay jerarquía en el espíritu; por lo tanto, la hembra nunca está en realidad más bajo que el varón, como lo enseñan ciertas “tradiciones religiosas”. En los humanos, la densidad crece tan fuerte, el ego es tan potente e intoxicante, que el aspecto del género se vuelve consumidor del todo. Uno está casi completamente definido por el género del recipiente material en el cual es acarreada la conciencia sin género.

Mientras esta ilusión se remedia espiritualmente, en esta dimensión terrestre, esas diferencias permanecen, entre masculino y femenino. El remedio es que la conciencia del individuo, a través de la luz o “realización-de-Dios” reconoce que es masculino y femenino o ninguno de los dos. Es un observador imparcial o “testigo”.

Sin embargo, no necesitamos apresurarnos a mantener un estado sin género para nosotros, puesto que estamos más bien encariñados con el juego entre las polaridades, el cual es a la larga, parte del porqué tomamos el nacimiento.

¡Viva la diferencia!

El Ego, Conciencia e Iluminación

El ego se percibirá a sí mismo como teniendo una experiencia de género (macho-hembra), pero el testigo detrás del ago es una pizarra limpia de pura sensibilidad. Es creación dualística, ambas experiencias sucederán simultáneamente, donde uno puede conocer la unión de la existencia, lo sin géneroy sin ego, y uno puede disfrutar la separación. La diferencia es una de conciencia.

El individuo despierto, consciente, sabrá en su fuero interno que el/ella es “uno con la creación”, pero también se sabrá creador(a) de su propio drama, ha escogido encarnar en los reinos más densos, más engañosos, por causa de la propia experiencia. Él o ella no tienen ninguna otra razón para encarnar, así como “Dios” o la mente universal, no tiene ninguna razón para crear, salvo para su propio entretenimiento. Una vez un alma iluminada sabe esto, entonces él o ella son libres de crear su propia experiencia y propósito para encarnar.

Esta experiencia es liberación. Es iluminación.

Iluminación, que parece a muchos tan nebulosa, imponente y atemorizante, es muy fácil en sí. No son milagros o trucos de magia, aunque aquellos pueden ser desarrollados si se desean muy fuertemente. La iluminación simplemente es la realización de quién está tirando los cordones del títere de uno. Es la revelación de autonomía para el individuo. Es la concesión del último excedente de la autoridad-divina-Dios sobre el propio ser de uno. Es cuando la mente cósmica creativa y la conciencia individual se unen, cuando la mente de uno se une con el Cosmos. Esta fusión mental va más allá de la mente y penetra las mismas células del ser.

Esta penetración es posible porque la fuerza-de-Dios reside dentro de las células-alma de cada entidad.

Percibiendo lo Divino

Hay muchas prácticas que pueden llevar a la unión o reunión con esta fuerza de vida, el Gran Espíritu, Tao, Dios. Nosotros podemos usar yoga u oración, meditación, cantos o sexo. Nosotros podemos jugar al baloncesto en la Zona. Nosotros podemos comer buena comida o podemos comprometernos en una conversación inteligente, divertida o sin sentido. Podemos correr hacia arriba, a las colinas, subir montañas y nadar en los mares. O podemos dormir.

Finalmente, no es necesaria ninguna práctica, cuando uno se une con esta “Deidad”, cuando uno ha regresado al estado natural de donde el ego humano ha creado la separación. La reunión con esta fuerza de vida es la marca de la verdadera experiencia y sistema religiosa.

Un verdadero sistema religioso no es uno que demanda que le besen los pies a un Dios-ego separado – sin embargo grande y aterrador, de cualquier raza o género – pero uno que conduce a la comunión y unión con la calidad de la divinidad misma.

Dios es BORG – La Resistencia es Inútil

La unión cósmica de la que hablamos, sin embargo, es voluntaria y no depende de la gracia o fuerza de otro. No es la esclavitud del alma, prescrita por ideologías religiosas que dicen uno debe rendirse a “Dios“. Es meramente la experiencia de la Totalidad, del Cosmos, que pensamos sea iluminante. Este “regreso a Dios/Dios Principal” no es una experiencia BORG, donde uno es asimilado en contra de la voluntad de uno a un grupo de drones conectados a una mente central. De hecho, ese déspota totalitario es la clásica descripción de “Dios“, proporcionada por los teólogos y religionistas.

Lo que estamos hablando aquí es cuando su mente es inflada, de modo tal que todo su mundo se disuelve y usted está en otro plano completamente, uno que contiene la plenitud del vacío, con sus mundos infinitos – la última paradoja y el mejor parque de diversiones. Ahora, este Orgasmo Cósmico es “Dios”, no la criatura que los sacerdotes describen, que quieren que usted esté rogándole todo el tiempo, mientras camina dormido a través de la vida, como un BORG.

Conociendo este Orgasmo Cósmico realmente le permite ser libre del Dios/BORG. Le permite volverse creador. Y de allí usted regresa a la Tierra y realmente saborea la separación, que también es divina, ya que le permite a usted, a mi, a nosotros, existir – seres individuales teniendo una inmensa serie de, a menudo exquisitas experiencias.

Sabiendo que somos el creador de nuestros propios dramas, sin embargo, nos permite hacer esas experiencias aún más exquisitas y llenas de éxtasis.

 

LA SABIDURIA DE LA NATURALEZA

Toda la naturaleza es nuestra maestra:

Desde la flor más delicada hasta el árbol más frondoso; desde la laboriosa hormiga hasta la imperiosa águila que surca el cielo, desde la montaña más elevada hasta las profundidades del mar, nos enseñan sus secretos de vida. Estamos unidos con este planeta y todos sus elementos nos transmite su sabiduría para saber como funciona la vida y los cambios que tienen lugar en el interior y exterior de cada uno de nosotros.

Tenemos que aprender a observar con detenimiento cada aspecto de la naturaleza, desde la pequeña semilla que brota,

el robusto árbol que nos da sombra, la capacidad de tenacidad del animal felino para acechar y cazar a su presa. En todos estos ciclos podemos sentir la armonía y el estar totalmente presentes, como el perro que sacamos a pasear al parque, que al escuchar un ruido se concentra por completo en él para ser consciente de lo que está ocurriendo. Esa atención del perro nos enseña a despertar en nosotros la intuición innata, la cual nos permite conocer qué es lo que la naturaleza nos está comunicando. La intuición es la facultad de conocer algo no sólo con la mente, sino también con el corazón, el cuerpo y el espíritu. A través de la intuición podemos acceder a los reinos del conocimiento. Podemos darnos cuenta que los árboles están aquí para enseñarnos a ser estables en nuestro interior con su forma de arraigar en el suelo y así soportar los vendavales de viento que cruzan por entre sus ramas.

El mar nos enseña a celebrar los ciclos de los cambios que hay en la vida y nos recuerda que todo está siempre cambiando, igualmente nos enseña a no ser ansiosos, demasiado codiciosos o impacientes, porque todo viene a su tiempo, y sus aguas al llegar a la playa nos enseña a ser abiertos, indiferentes, ya que siempre está aguardando el regalo del mar en sus arenas. El gato, nos enseña a ser independientes al dejarte claro que sabe muy bien lo que quiere. El perro, nos enseña el amor incondicional, a ser leales. Un pájaro, te enseña a mirar las cosas desde otra perspectiva, te dice que te eleves por encima de las circunstancias. Las abejas, el orden y la disciplina y el trabajo en equipo. La imagen de un venado, te puede impresionar porque estás viendo a la dulzura de la propia naturaleza. Y así tú puedes recibir e interpretar todas las señales que pueden cruzarse en tu retiro con la naturaleza.

Al vivir en el mundo contemporáneo, entre automóviles, celulares, internet, radio, televisión, consumo desmedido, trabajos absorbentes que exigen nuestra atención durante muchas horas del día, nos hace alejar de las maravillas de la naturaleza, es decir, de las maravillas del Gran Espíritu que fluye en todo.

Entonces el hombre citadino si quiere regresar a la sabiduría, tiene que aceptar y dejar que la naturaleza sea nuestra maestra, que nos llegue al corazón y nos haga ver la conexión que tenemos con la vida que bulle en el mundo que nos rodea y de la que nuestra alma es inconsciente. Mantener una relación con el mundo natural nos permite equilibrar nuestra ajetreada vida con los regalos que nos ofrece. Por tanto que importante es aprender a reservarnos un tiempo para unirnos con la armonía que nos ofrece este mundo natural, haciéndonos cada día un regalo maravilloso. No es fácil desconectarse con el ritmo que llevamos cotidianamente, pero si nos damos un tiempo corto y entramos en contacto con la naturaleza en un parque cercano o en el jardín de la casa, podremos tener un relajamiento porque entramos en contacto con otro paisaje, allí sentiremos la suavidad de la hierba, y al pasearnos durante unos minutos contemplando el verdor de las plantas, el diseño de las flores, la estructura de las hojas, el vuelo de las aves, la marcha incesante de los insectos, sin darnos cuenta somos otros, estamos en otra realidad y nos permite ver con una cierta distancia entre la calma y la cotidianidad y con esta breve terapia podemos regresar a nuestras labores sin perder la calma sino más bien motivados y con mucha serenidad para tomar decisiones correctas.

Aprender de la naturaleza es como penetrar en un misterio que te habla en un idioma que no es tu lengua natal.

Te conviertes en el visitante de una tierra desconocida, de la cual debes aprender a ser sumamente observador, para entender el mensaje que el lugar te transmite de manera silenciosa y directa. Cuanto más tiempo pases en contacto con la naturaleza, más te sorprenderás el ver la perfección con la que encaja todo cuanto hay en ella. Empiezas a confiar en que si algo existe, o si está en camino a existir, hay una razón para ello, que aquello ocupa un lugar en la gran matriz. Aunque no puedas comprender la razón, empiezas a tratarlo todo con mucho respeto, porque todos los acontecimientos son una expresión del Gran Espíritu de la Naturaleza.

Así que en vez de irte a pasear un fin de semana a los shopping, a contemplar las vitrinas en forma mecánica, absortos por la publicidad del consumo que te transmite los medios de comunicación que no cumplen la función de educar y entretener, les invito a volver a nosotros mismos, a nuestro hogar en el universo, a entrar en contacto con la naturaleza y a recibir la sabiduría de sus enseñanzas.

Al hacerlo, recordaremos que formamos parte de un todo en el que nosotros, y todos los otros seres vivos, ocupamos un lugar esencial y somos dignos de respeto. No tenemos que sentirnos solos ni tampoco alineados del mundo que nos rodea, sino que estamos totalmente interrelacionados con todos los seres vivos de la naturaleza

La Sabiduría del Silencio Interno

Habla simplemente cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca. Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra por la boca, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi. De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía. Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil, es mejor quedarse callado y no decir nada. Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía. El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.

Si te identificas con el éxito, tendrás éxito. Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos. Así podemos observar que las circunstancias que vivimos son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna. Aprende a ser como el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios, siendo como un espejo sin emociones aprendemos a hablar de otra manera. Con el mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permite que una comunicación sincera y fluida exista. No te dés mucha importancia, sé humilde pues cuanto más te muestras superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de la opinión de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible e insondable como el Tao. No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre que nos da de lo que necesitamos. Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, sus virtudes y a brillar. El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente. Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

No te comprometas fácilmente. Si actúas de manera precipitada sin tomar consciencia profundamente de la situación te vas a crear complicaciones. La gente no tiene confianza en aquellos que dicen sí muy fácilmente porque saben que ese famoso sí no es sólido y le falta valor. Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después. Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría. Si realmente hay algo que no sabes o que no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo. El hecho de no saber es muy incómodo para el ego porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal. En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace ver que sabe.
Evita el hecho de juzgar y de criticar, el Tao es imparcial y sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad. Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión muy personal, y es una pérdida de energía, es puro ruido. Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades. El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.

Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resulto de ti mismo. Deja que cada quien resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida. Ocúpate de ti mismo, no te defiendas. Cuando tratas de defenderte en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión. Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz. Tu silencio interno te vuelve impasible. Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar al ego que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo. Practica el arte de no hablar. Toma un día a la semana para abstenerte de hablar. O por lo menos algunas horas en el día según lo permita tu organización personal. Este es un ejercicio excelente para conocer y aprender el universo del Tao ilimitado en lugar de tratar de explicar con las palabras qué es el Tao. Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio. Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte completamente. Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya. El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio. Si tu ego se impone y abusa de este poder, el mismo poder se convertirá en un veneno, y todo tu ser se envenenará rápidamente.

Quédate en silencio, cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser. Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida sagrada del Tao.